La Rosa Púrpura
Autora Verenize Bernal Curiel
Email Verenize

CAPITULO  IX  “La Tregua”
 

El Príncipe Juan había pasado la crisis también y había dado órdenes precisas de que fuese el Fraile quien le diera sus alimentos y que cuidara sus heridas. Se sintió mejor tan prontamente que no desistió en hacerle una oferta a Tuck.

- Fraile Tuck, es evidente que su sapiencia es enorme y su habilidad en la medicina me sorprende – le dijo esa tarde mientras Tuck revisaba sus heridas – Le perdonaré la vida y le daré títulos y riquezas si se convierte en mi médico de cabecera – agregó el Príncipe en un arranque de dadivosidad.
- Es una oferta tentadora su Alteza, pero ya tengo suficiente trabajo en Sherwood – Respondió el Fraile.
- Hum... esperaba esa respuesta... ustedes no tienen ningún sentido de la superación en la escala social... – Agregó el Príncipe Juan acomodando sus rubios bucles.
 
 

Empezaba a oscurecer cuando Robin despertó. Lo primero que percibió fue el calor de Marion a su lado. La miró por largo rato. Deslizó la mano de la joven mujer despacio para no despertarla e intentó ponerse de pie. Se encontró con que vestía una camisa suave de hilos finos solamente. Sus pantalones estaban en una silla. Caminó hacia ellos sosteniéndose de cualquier cosa que se encontraba a su camino. Sintió mucho frío. Se vistió con un poco de dificultad. Respiró un par de veces y caminó hacia la puerta. Bajó las escaleras haciendo varios descansos y sin soltar la pared, hasta que llegó al comedor del castillo de Guy.

- Buenas noches Sir – Saludó Robin al hombre sentado frente al fuego, tomándolo por sorpresa.
- Luces mejor Locksley – Contestó Guy levantándose y muy sorprendido de ver a su oponente de pie. Robin se acercó despacio a él. Aunque puso toda su concentración y empeño en no sentir vértigo y no demostrar debilidad, sus piernas se aflojaron, pero antes de caer al suelo, el brazo de Sir Guy de Gisborn lo sostuvo. Ambos hombres se miraron a los ojos con profundidad. Fue instintivo. Guy no se imaginó jamás ayudando a su peor contrincante y Robin jamás imaginó necesitar y aceptar el brazo enemigo. – Será mejor que te sientes – Le dijo soltándolo.

Ambos hombres se colocaron en sillones frente al fuego sin mirarse. Hicieron un gran silencio. Robin miró la cornisa de la chimenea. Estaba colgada una espada recuerdo de antiguas competencias de la juventud. Esa en particular había sido un premio que ambos habían obtenido juntos.

- Aun la conservas... – Comentó Robin mirándola. Guy sonrió.
- Es una hermosa pieza. Además, ha sido una de las mejores competencias que he vivido. – Ambos hombres volvieron en sus recuerdos.
- Si. Luchamos intensamente y logramos vencer a todos los demás... Nuestros padres estaban muy orgullosos de nosotros...
- Eramos buen equipo Robert... – Hacia mucho tiempo que Guy no llamaba a Robin por su nombre. Se hizo el silencio de nuevo.
Había anochecido cuando Marion despertó y al no encontrar a Robin, preocupada buscó a Pequeño Juan y a Tuck. Los tres buscaron por el castillo, encontrando a los dos hombres conversando pacíficamente. Ante el impulso de ir con su amigo, Marion hizo una señal para detener a Juan y no interrumpir.

- De qué se trata esto? – Preguntó Pequeño Juan desconcertado.
- De una tregua – Respondió Marion.
 

Robin por fin miró a su acompañante, diciendo con dolor.

- Las cosas no tenían por qué ser así. –
- También hay cosas que no se pueden cambiar. Hechos, circunstancias, sentimientos... – Agregó Guy.
- Ninguno ha ganado completamente en esta guerra Guy. Todos hemos perdido de alguna forma, y cada uno es responsable de lo que es, de lo que tiene, de con quién esta... incluso ella... – Robin hizo referencia a Marion sin mencionar su nombre. Era claro que el mayor rencor de Guy hacia él era la elección de la mujer.
- Esa es una pelea que aun no termina Robert – Desafió Guy.
- Lo sé. Y sabes? Bien lo vale. – Robin se levantó y se dio la vuelta – Agradezco tu hospitalidad Sir Guy, si algún día vas a Sherwood... – Robin caminó hacia la salida cuando Guy dijo repentinamente.
- El Príncipe Juan mandará a uno de mis soldados a Nottingham por refuerzos. Cambió de parecer y quiere tu cabeza antes de marcharse de aquí...
- Tienes razón – Sonrió Robin – Hay cosas que jamás cambiarán.
- Te buscaré Robin Hood...
- Te estaré esperando Sir Guy de Gisborn - Concluyó Robin.
 
 

Robin se encontró ante la mirada atónita de sus amigos. Nadie preguntó nada, sabían lo que tenían que hacer.

- Prepararé los caballos – Dijo Juan saliendo inmediatamente.
- Creo que... me voy a desmayar – Aseguró el bandido. Marion y Tuck lo tomaron de cada lado y lo sacaron de ahí.
 
 

Robin estaba recostado en la paja de la carreta, que sería conducida por Juan y Tuck. Marion aun no subía cuando fueron alcanzados por Margaret y Phillip.

- Fraile Tuck – dijo el alquimista – He aprendido mucho de usted, si algún día me necesita, ya sabe donde encontrarme, sé que es peligroso, pero sé que encontrará los medios para hacérmelo saber.
- Lo haré Phillip, tú también sabes en dónde encontrarme. Y el Príncipe Juan? – Le preguntó Tuck angustiado por la seguridad de Robin.
- No se preocupe, le di un té que lo hará dormir hasta mañana. – Tuck solo sonrió ante la confesión del hombre.

Margaret entregó a Marion un envoltorio con alimentos y una hermosa camisa blanca bordada con hilos dorados que ella misma había confeccionado.

- Preparé esto para el Conde – Dijo la mujer humildemente – Los alimentos le harán bien y la camisa... porque es digna de un hombre como él, y sé que algún día la necesitará... – Marion la abrazó emocionada – Sé feliz mi niña... – Le susurró en el oído.

Marion iba a subir a la carreta cuando descubrió la silueta de Guy en la oscuridad. Miró a sus amigos quienes le devolvieron una mirada de aprobación. Entonces se acercó al hombre.

- Gracias... – Le dijo simplemente.
- No mal interpretes las cosas Marion – Le dijo Guy sin mirarla a los ojos y tratando de desviar el sentido del agradecimiento. Guy jamás reconocería que había ayudado al mas odiado de sus enemigos.
- Gracias igual – Marion se acercó al hombre y lo besó en la mejilla. El hombre se quedó petrificado.
 
 

Marion regresó a la carreta y salieron de ahí rumbo a Sherwood. Un soldado al escuchar el ruido de los caballos entró corriendo al castillo y encontró a Guy nuevamente sentado frente al fuego.

- Mi Lord, Robin Hood y sus hombres están escapando, los seguimos? – El hombre pidió instrucciones. Guy se quedó en silencio mucho rato, inmóvil. El hombre esperaba impaciente, hasta que Guy respondió.
- No. No hay los suficientes guardias para la protección del Príncipe Juan y esos bandidos podrían tenernos rodeados y atacarnos – Hizo una pausa – Ve a Nottingham y pide al Sheriff soldados de apoyo, entonces iremos por ellos.
- Pero será demasiado tarde mi Lord – Argumentó el soldado.
- Pretendes que dejemos descubierto al Príncipe Juan? – Gritó Guy con ira.
- No, mi Lord – respondió el hombre – Iré inmediatamente a Nottingham.
 

Sir Guy de Gisborn sabía que tarde o temprano se arrepentiría de esa decisión. Pero esa noche, como hacía mucho tiempo, durmió tranquilo.

Final Del Capitulo Nueve


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