La Rosa Púrpura
Autora Verenize Bernal Curiel
Email Verenize

 


CAPITULO  VII  “Dudas”
 

Después de la conversación con Pequeño Juan, Robin había tenido un ataque de asfixia. A los ojos de Juan, había perdido el conocimiento provocándole un terrible susto al gigante.

- No pude hacer nada – Se lamentaba Juan llorando mientras Tuck y Phillip examinaban a Robin.
- Cálmense – Dijo pacientemente Phillip – Está vivo... respira aunque muy débilmente y la fiebre es alta.
- Dios mío... - dijo Marion desesperada. - Si no lo mataron los Normandos, lo hará este veneno... Tuck, ayúdalo, se nos está yendo... - levantó la voz al Fraile.
- Marion, estoy haciendo todo lo que puedo y dándole lo necesario para controlar la fiebre pero... su cuerpo está cediendo... - le explicó.
- Míralo - lloró ella - Casi no respira... lo estamos perdiendo... lo estoy perdiendo... -.
- Cálmate Marion - intervino Juan cuando la vio contra de Tuck. - Estamos muy nerviosos y cansados, todos estamos haciendo...
- No - gritó Marion - Algo estamos dejando de hacer que él no mejora... y maldita sea que Olwyn no aparece... no le importa Robin, a ese mago no le importa nada...
- Basta Marion - le dijo Juan sacudiéndola. - Si Robin te mirara en este estado se apenaría mucho por ti...".
- Eso es lo que quiero Juan... - le dijo ella por fin rompiendo en llanto después de tantos días conteniéndose. - Quiero que me mire de nuevo... -

Juan la abrazó con fuerza y no se movió mientras en su abrazo la mujer se desahogaba. Marion lloró tanto y por tanto tiempo que mojó el pecho del gigante y al cabo de un rato, se había desvanecido en un sueño profundo. Tanto él como Tuck estaban conmovidos. Esa mujer guerrera, quien siempre mostraba su fuerza, quien luchaba a su lado con la misma convicción... ahora era solamente la imagen de una mujer enamorada que sentía perder a quien más amaba. Como nunca antes, el corazón de Marion estaba roto en mil pedazos. También el de ellos.

- No sé quien me preocupa más, si ella o él... - susurró Tuck.

Pequeño Juan cargó a Marion y la recostó en la cama de una habitación. Necesitaba descansar. El Fraile se quedó solo con Robin, lo miró respirar con dificultad y con las facciones de su rostro adoloridas. Las palabras de Marion lo hicieron dudar. Qué estaba dejando de hacer? Era verdad, si no encontraba el antídoto pronto, Robin moriría. También era verdad que ya no sabía qué más podía hacer... había creído hasta ese momento que estaba haciendo lo correcto pero no había obtenido los resultados que esperaba... pero y si se estaba equivocando? Si Marion tenía razón y él no estaba haciendo lo suficiente. Nunca había dudado así de sí mismo. Se hincó y rezó, con mucho fervor. También lloró.

Pequeño Juan colocó a Marion en su cama y la cubrió con una manta. Pensó que nunca se había detenido a observar a esa mujer en realidad. Era fuerte de espíritu pero a la vez tan delicada. Marion era justamente la más objetiva y realista de los tres. Incluyendo a Robin. Siempre tenía un punto de vista concreto y distinto. Los hacía entrar en razón cuando alguno perdía la brújula. Además, dentro de su aspecto guerrero, era dulce y su sonrisa fresca hacía florecer cualquier mañana gris.

Pero y él? Quién era él? Todos los demás parecían tener cualidades que nadie más tenía. Tuck con su mente brillante, Robin con su fuerza interior, Marion con su objetividad... quién era él? "Sólo fuerza bruta" pensó. No tenía nada más que ofrecerles a sus amigos que no fuera fuerza bruta. Ahora, no podía ayudar más a su amigo. No había puertas que derribar ni piedras del camino que quitar... sintió de pronto las manos vacías... y lloró en la oscuridad de la noche.

La respiración de Robin apenas era perceptible. Tuck lo refrescaba y le hacía tragar un poco de té. Pero el joven apenas si daba muestras de vida. El Fraile oró por su alma, pensó que esa noche sería la última.
 
 
 

"Robin..." murmuró la voz en la mente del arquero.

"Olwyn..." le contestó en su mente.

"Ven conmigo" le dijo el mago tendiéndole la mano fantasmal.

"Estoy tan cansado..." suplicó Robin.

"Si te quedas ahí, no podrás salir más, mi joven amigo" advirtió Olwyn.

"Yo...”

"Te estás dando por vencido... Pudiste escapar bajo peores inclemencias y ahora simplemente no quieres seguir luchando..." dijo Olwyn severamente.

"Quizá ya me cansé de luchar..." dijo Robin con tristeza. "He sido traicionado por mi familia, perseguido, torturado y ahora herido por el hombre que fue casi mi padre...  Estoy cansado Olwyn... Cansado de controlar mis rencores, de controlar mi amor..." agregó Robin apesadumbrado.

"Dame la mano, querido amigo..." le pidió Olwyn de nuevo. "Te prometo que si después de mostrarte lo que quiero sigues con tu intención, yo mismo te ayudaré a dormir para siempre".

Robin extendió el espíritu de su mano y se dejó guiar por Olwyn, quien le mostró primero su propio cuerpo martirizado.

"Vaya... no me veo muy bien" comentó Robin asombrado. Pero no fue su cuerpo lo único que vio. Estaba ahí Tuck luchando contra su fiebre, orando, con el semblante cansado de tantas noches de cuidado, dudando de sí mismo, de sus conocimientos, de su empeño...

"¿Por qué está así?" Se dolió Robin al ver la aflicción de su querido amigo. "¿Por qué está dudando de él? Tuck es el mejor médico que haya podido conocer, él siempre hace lo adecuado... ¿Se está culpando?...No Tuck" le dijo al Fraile "Tú eres el mejor, no debes dudar de ti, no debes culparte...".

"No te oye Robin" le aseguró Olwyn. "El no puede verte como yo te veo ahora... pero ven, hay algo que quiero que veas" dijo llevándolo a donde Juan sollozaba. Robin lo siguió aunque no quería dejar a Tuck.

Pequeño Juan estaba sentado en la tierra tiritando de frío y sin consuelo. Dudando de sus habilidades, de su inteligencia.

"Por Dios... qué le pasa?" Preguntó Robin a Olwyn al ver así al gigante y reconociendo que jamás lo había visto tan desamparado y triste.
 

- Perdónenme todos - lloraba Juan - No he tenido mucho que ofrecerles, en realidad nada de valor les he dado, perdóname Robin... - Las lagrimas escurrían en torrentes de sus ojos.
 

"De qué habla?" Preguntó Robin. "Perdonarlo? Pero por qué? Juan siempre está ahí cuando lo he necesitado, es el mejor rastreador y el más fuerte, pero no sólo eso... es mi mejor amigo, el más apacible, quien más serenidad me da... Juan, por favor..." Robin parecía entender lo que Olwyn pretendía hacer. "Dónde está Marion?" Dijo urgente.

La vio dormitando, aun con los ojos húmedos del llanto. Estaba casi tan pálida como él. Se veía en su rostro las noches de insomnio, estaba demacrada y aun dormida, no podía esconder su pena. Robin se acercó a ella y pudo ver como en un sueño todo lo que le había dicho a Guy en la cena, sintió su orgullo, su valor...

“Se merece algo mejor Olwyn... No esta vida llena de incertidumbre, de carencias”.

“Tienes que aprender algo nuevo Robin... Cada persona elige su destino y es responsable de él. Tu siembras la semilla de la verdad, ofreces una opción de vida en la lealtad, la honestidad, el amor, pero la decisión del camino a seguir es de cada persona, tu no puedes dirigir sus vidas... En eso radica el ser feliz o infeliz, en que a pesar de los obstáculos y las carencias, vivas convencido y comprometido contigo mismo y con los demás, entonces te sentirás rico y satisfecho...”. Robin se grabó esas palabras en su cabeza.

"Esta prueba es para todos Robin, no sólo para ti" dijo Olwyn dando una lección más y guiando a Robin a su cuerpo. "Las grandes causas traen grandes efectos, y la bondad del efecto depende de la transparencia del motivo que lo desencadena... y entonces solo quedan dos caminos, abandonarlo todo o fortalecerlo, lo primero es sencillo, es solamente tomar una decisión... lo segundo podría ser difícil, pero no para alguien que vive rodeado de amor y que sobre todo, que tiene la confianza y el reconocimiento de los demás..." Olwyn se esfumó.

“Olwyn... quiero regresar...”

“Pues entonces tendrás que luchar...” Sólo se escuchó la voz lejana del mago.
 
 

Estaba Tuck en lo más profundo de sus oraciones cuando como en un sueño, se visualizó en el laboratorio extrayendo el antídoto que le daría a Robin una oportunidad de vivir... Abrió los ojos y lo supo. “Claro¡” pensó, “Lo tengo, sé que es lo que debo hacer¡”. Caminó hacia la puerta y se topó con Guy, en ese momento se percató de que Robin se quedaría solo y desprotegido. Temió por él.

- No lo mataré, si es lo que piensa Fraile – Le dijo Guy al imaginar su pensamiento.- Sólo vine a ver cómo estaba...
- Sir Guy, yo... – Tuck no sabía si podía dejarlo ahí, pero era necesario que él preparara el antídoto.
- Si mi intención fuera acabar con la vida de Robin Hood en estos momentos, lo haría con o sin usted, pero no es el caso... Tenemos un trato y lo respetaré, además la vida de mi Príncipe depende de usted... Si tiene algo que hacer, vaya...
- No tardaré – Dijo Tuck mirando por último a Robin. Avisaría a Marion para que fuera a cuidar al paciente mientras él trabajaba de nuevo.
 

Sir Guy de Gisborn caminó por la habitación. Se acercó a la cama y miró con detenimiento al hombre que yacía en ella. Puso su mano cerca de la cara de Robin sintiendo apenas su respiración. Pudo haberse sentido alegre, sin embargo no pudo. Se sentó en la silla al lado de la cama sin quitarle la vista de encima por largo rato.

- Si te he odiado antes, ahora te odio más por hacerme desear estar en tu lugar, aun medio moribundo en esa cama – Dijo Guy en voz baja. – Es patético desearlo Robert, es patético. Querer cambiar tu lugar con tal de sentir una vez en la vida que alguien se preocupa por mí, que a alguien le importa que yo viva... Por qué aun sabiendo que vives en la miseria, siento que tienes más que yo? Y no debería ser así... No es justo, en qué somos diferentes? No eres mejor que yo Robert, nunca lo has sido. Ni aun poniendo en medio tu causa... – La voz de Guy se tornó amarga – Robas y matas... cualquiera que sea la razón, el acto es vil... y lo haces una y otra vez y a la vista de los demás te conviertes en un héroe, mientras que yo no dejo de ser un mísero soldado... Y tienes a la mujer que yo amo y siempre he amado, cuando sabes que no le puedes ofrecer nada comparado con lo que yo puedo darle... Eso también es egoísmo Robert y tienes las manos llenas de sangre tanto como yo, aun cuando en la boca de Marion parezca noble, no dejas de ser un maldito ladrón... un maldito asesino... no eres mejor que yo... no lo eres... – Lágrimas de los ojos de Sir Guy de Gisborn corrieron por su cara, el hombre apretaba sus manos cubiertas por guantes una dentro de otra para no gritar de rabia, de dolor, de pena por sí mismo. – Y sin embargo... quisiera aunque sea por un día, ser tu...

Guy se había dejado llevar tanto por sus sentimientos que no escuchó los pasos de Marion en la habitación. Cuando la tuvo de frente simplemente cubrió su cara, la apartó de su camino y salió de ahí. Marion se sintió conmovida, era la primera vez que escuchaba algo proveniente del interior de Guy. Si Robin lo había escuchado también, seguro cambiaría su percepción acerca de Guy... al final de cuentas, era sólo un hombre equivocado.

Final Del Capitulo Siete

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