La Rosa Púrpura
Autora Verenize Bernal Curiel
Email Verenize

 


CAPITULO  VI  “Reflexiones”
 

El Sheriff de Nottingham había cumplido su palabra. Cuando Robin Hood llegó al Castillo de Sir Guy de Gisborn, encontraron solo la gente suficiente, tal y como Marion lo había solicitado. El Príncipe Juan no había tenido el mejor de los viajes. Estaba ardiendo en fiebre desde su llegada y su médico alquimista no había logrado bajar la fiebre con sus remedios. Robin había despertado cuando llegaron al castillo Gisborn.

- Vaya, te ves mal Locksley... - dijo Guy con una sonrisa malévola.
- Normalmente el verte me da nausea Guy... - contestó Robin desafiante.
- Tu habitación está lista Marion, tal y como la recuerdas cuando pasabas los veranos en este lugar – el comentario de Guy fue una estocada al corazón de Robin.
- Gracias Guy – Marion sabía cómo mediar la situación – No podía esperar menos de ti, pero en realidad voy a ceder mi habitación a Robin, requiere cuidados y necesita comodidades, gracias por pensar en ello.- Guy se quedó irritado, mientras Robin, una vez más confirmó la audacia de la mujer que amaba.
 

Las escaleras torturaron a Robin, apenas si podía mantenerse en pie y muy a su pesar, Pequeño Juan tuvo que ayudarlo a subir. Guy estaba en realidad sorprendido, nunca se imaginó ver así al afamado Robin Hood, era más de lo que él podía desear.
 

Tuck se reunió con el alquimista de Nottingham.

- Fraile Tuck, es un placer el trabajar a su lado – dijo el hombre a Tuck quien se sorprendió del comentario. – He escuchado todo lo que hace en conocimiento de la medicina Fraile. – La reputación de Tuck como médico excelente y creativo había traspasado las paredes de Sherwood. Se sintió alabado, pero aun más preocupado porque no sabía hasta dónde podía confiar en ese hombre.
- Sir Guy nos ha adecuado una habitación en donde podremos experimentar lo necesario. Yo he traído mis instrumentos. Mi nombre es Philip y estoy a sus órdenes.
- Gracias Philip – agradeció Tuck – Pues andando que el tiempo apremia.
- Antes, si fuera tan amable de ver al Príncipe Juan, la fiebre no cesa y nada de lo que le doy lo controla – suplicó el hombre. Tuck vio al Príncipe, por lo menos su brazo lucía menos grave que la herida de Robin. Le suministró del té que él mismo preparó para el bandido con la esperanza de que la temperatura bajara. A partir de entonces no se volvió a ver a Tuck ni a Philip. Ambos pasaron horas tratando de extraer el veneno de la Rosa Púrpura.
 

Robin reposaba en la cama. Parecía que el té de Tuck había dejado de tener efecto sobre él y a media noche la fiebre lo estaba haciendo delirar. Marion y Juan trataron de refrescarlo con paños húmedos y tragos de agua.

.- Están trabajando Robin – Le decía Marion consoladoramente – Sólo resiste un poco, pronto te curarán... sólo resiste... - Robin solo asentía con la cabeza y cerraba los ojos. Guy los miraba desde la puerta.
 
 

Llegó la noche y el día y de nuevo la noche. Tuck y el alquimista no habían conseguido nada aun. El Príncipe Juan recaía con una lentitud menor que la de Robin, quien tenía una fiebre constante y elevada. Marion no se había despegado de su cama un momento. Humedecía paños y los pasaba por la cara, el pecho y el abdomen de Robin. Ella se detuvo un momento y lo miró con detenimiento. “Cuántas veces había deseado tener a ese hombre amado justo así...” Marion miró el cuerpo desnudo del joven hombre bajo la sábana delgada. “Cuántas veces había deseado compartir el calor de su piel con él...” Dibujó con sus dedos el contorno del cuerpo de Robin hasta... hasta que volvió a mojar el paño y ella misma se refrescó la cara... Pequeño Juan momentos más tarde la estaba relevando en su empresa. Marion salió de la habitación y se topó con Guy.

- Te ves cansada Marion... Crees que realmente vale lo que haces? – Preguntó Guy irónico.
- Hay cosas que jamás vas a entender Guy y lo que realmente no vale la pena es intentar explicártelo...
- Lo siento, no quise ofenderte – Dijo él sinceramente. – Por qué no te das un baño caliente y cenas conmigo? De cualquier manera tienes que hacerlo y Robert está bien acompañado...
- Creo que lo haré... - Dicho esto Marion tomó el baño más relajante que en su vida recordara. A veces pensaba en qué tanto extrañaba las comodidades de la nobleza. Recordó las elegantes sedas con las que confeccionaban sus vestidos, los alimentos que cada día se le preparaban, la textura de la piel de sus manos...
 

Guy se esmeró en solicitar lo que él recordaba a Marion le agradaba comer. Se vistió para la ocasión. Cuando Marion entró al comedor lo encontró mirando el fuego de la chimenea.

- Esperaba algo más sencillo – Dijo Marion cuando vio la mesa y el aspecto de Guy.
- No siempre tengo la fortuna de cenar contigo – Respondió con insinuación. Marion lo miró desafiante. – Vamos Marion, si vamos a compartir la mesa y el castillo algunos días, porqué no hacemos una tregua?
- Creí que esa palabra no existía en tu vocabulario Guy – Marion se sentó a la mesa.
- El hecho de que no compartamos las mismas ideas no significa que no podamos ser amigos Marion. – La bella mujer lo miró con extrañeza. – Ahora mismo, porqué no usaste alguno de los vestidos que ordené se pusieran a tu disposición?
- Porque no vine a una fiesta Guy. Y podríamos ser amigos si no nos atacaras constantemente. En momentos como este pienso que no estás muy consciente de la realidad.
- Cuál realidad? La que Robert te ha hecho creer? Por la que has abandonado todo lo que eres? Prometías mucho en la corte de Inglaterra Marion... – Marion respiró profundamente y lo miró a los ojos.
- Quién ha abandonado lo que es en realidad Guy? Robin, tu y yo crecimos bajo las mismas condiciones, sólo que Robin no abandonó sus ideales para convertirse en un bufón de esa corte que mencionas, y en la cual yo estuve a punto de caer... – Se sintió avergonzada de reconocerlo.
- Eso no evita que te sea difícil vivir en las condiciones en las que vives con toda esa gente pobre y pasando frío y carencias y que recuerdes de vez en cuando todo lo que podrías tener con solo tomar una decisión... – Guy la miró recordándole su petición de matrimonio.
- Hablaré por mí y lo haré honestamente Guy. Es verdad, he tenido hambre, he tenido frío y miedo, es verdad. Pero también es verdad que ahora poseo más de lo que antes tenía, soy dueña de mí, de mis sentimientos, estoy segura de lo que valgo no por los títulos, sino por lo que soy en realidad, por lo que esa gente pobre me ha enseñado a ser... Sé que soy injusta por hablarte de algo que quizá nunca entiendas... Pero esa gente tiene algo más valioso que ofrecer que cualquier noble... lo único que tienen en sus manos para dar es “su palabra y su honor”, lo poco que hay se comparte con igualdad y se conoce el verdadero significado de la lealtad y la justicia... – El corazón de Marion se hinchó de orgullo, era la primera vez que se daba cuenta de todo lo que Sherwood significaba para ella, Se llenó de emoción y sus ojos brillaron como el fuego.  El mismo Sir Guy de Gisborn se sintió emocionado, pero de pronto volvió a la realidad.
- Todos estamos luchando una guerra Marion, cómo sabes que sus métodos son los más adecuados? Cómo estás tan segura de que ese camino que Robert los está haciendo seguir es el mejor?
- No Guy... yo no estoy segura de que el método y el camino sean los correctos, pero la causa está muy clara y Robin Hood se preocupa cada día en que nadie salga lastimado, ni aun ustedes que lo han perseguido y torturado hasta el cansancio... Cuántas veces no has estado bajo su espada? Cuántas veces él ha tenido la oportunidad de matarte y no lo ha hecho? – Guy guardó silencio y evitó la mirada de Marion – Es por eso que yo...
- Es por eso que tu lo amas... - Terminó la frase el hombre herido en sus sentimientos, en su orgullo y en una gran confusión. No entendía por qué en un momento se había sentido emocionado con las palabras de Marion.
- Tengo que regresar a su lado... y gracias por la cena.- Marion se levantó dejándolo ahí sumido en sus pensamientos.
 
 

Robin estaba en uno de sus momentos febriles. Pequeño Juan estaba cuidando de él cuando percibió la preocupación en el rostro de su amigo.

- Tuck pronto vendrá a curarte Robin, debes confiar en él... – Dijo Juan tocándole el hombro.
- No es eso Juan... estaba pensando en el gran error que he estado cometiendo todo este tiempo. Hasta ahora me doy cuenta...
- Error? De qué hablas amigo? – Cuestionó el gigante rubio.
- A veces he arriesgado demasiado a la gente del campamento y no sólo eso, también de las aldeas, incitándolos a luchar porque de alguna forma sé que yo estoy ahí... y sé que siempre soy un buen motivo de negociación ante Nottingham... pero no soy invencible y es como si siempre hubiese pensado que yo sería eterno y que estaría siempre con ustedes... y mira ahora, si yo falto...
- No hables así Robin – Los ojos de Juan se humedecieron – Te vas a poner bien, ya verás. De peores batallas has salido librado...
- Escúchame Juan, no se trata sólo de mí, se trata de la seguridad de todas aquellas personas que me han seguido... si la carnada de los normandos desaparece, el peligro será mayor, las persecuciones, las matanzas... Si yo muero tienes que ayudarlos Juan, tienes que...
- Robin, por favor... -
- Y Marion... qué será de Marion... – El rostro de Robin se ensombreció, lo estaba invadiendo el miedo – Si algo me pasara... si esto no resultara como pensamos, como queremos que resulte... Quiero que lleves a Marion con la Reina Eleonor... ella la cuidará, con ella está su hogar... Cuando yo no esté, quiero asegurarme que ella estará a salvo...
- Robin, pareciera que te estás dando por vencido... Además, Marion no es una mujer fácil de controlar... ni a la que se le diga lo que debe hacer, tu lo sabes mejor que yo¡ - Dijo Juan en broma tratando de liberar la tensión.
- Prométemelo Juan, prométemelo... –
- No puedo prometerte eso amigo – dijo el rubio con pesar. Robin posó su mano sobre la de Juan, con los ojos brillantes. Su pelo oscuro cayó sobre su cara haciendo ver la palidez de su rostro más acentuada. Juan tuvo miedo, la expresión de su mejor amigo lo estaba haciendo dudar. Y si está vez no lo lograba?

Ninguno de los dos hombres vio que Marion estaba parada en la puerta de la habitación con la cara húmeda de llanto, triste, indignada, confusa... Se quedó parada ahí hasta que escuchó el juramento de Pequeño Juan. Limpió su cara y se dirigió a buscar a Tuck quien esa noche tampoco había conseguido nada.

- Algo está faltando – Le explicaba a Marion – Pero no sé qué es... Phillip y yo hemos revisado la fórmula cientos de veces y no sé... – Eso decía Tuck cuando Pequeño Juan entró de súbito a la habitación.
- Rápido, algo le pasa a Robin¡¡ - Gritó.

Final Del Capitulo Seis

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