La Rosa Púrpura
Autora Verenize Bernal Curiel
Email Verenize

 


CAPITULO  V  “Vida por Vida”
 

Hasta la tarde del siguiente día llegó Pequeño Juan con el preciado encargo. Desde ese momento, Tuck se había encerrado a tratar de conseguir el mortal líquido. Por más que Robin intentaba no alarmar a nadie, su rostro pálido, las ojeras de sus ojos y sus continuos desvanecimientos sólo dejaban ver que el efecto del veneno empezaba a mermar su fuerza y su cuerpo. El té de Tuck había dejado de controlar la fiebre, que se intensificaba por las noches. La desesperación de Marion era visible.

- Qué pasa Tuck? Por qué no resulta? – Lo cuestionaba.
- Hago lo que puedo Marion, pero no tengo lo necesario y temo que esto sea una pérdida de tiempo- Respondía él lamentándose.
- Quién tiene los instrumentos que necesitas Tuck? – Preguntó Pequeño Juan.
- Sólo un alquimista...
- El Sheriff tiene su propio médico alquimista... – Dijo Marion pensativa.
- Así es, pero con la presencia del Príncipe Juan en el castillo sería imposible entrar ahí – agregó Juan.

Los tres se quedaron pensando en alguna estrategia, aunque nada viable recurría a sus cabezas. Esa noche ninguno durmió, Frederick no se despegaba de la cama de Robin quien parecía tener dificultades para respirar. Temblaba y apenas se podía mantener despierto.
Los pocos minutos que Marion concilió el sueño, solo escuchaba la misma frase “Tu enemigo será tu mayor aliado, unirte a él será la solución”... Despertó alarmada.
 

En la madrugada, se escuchó la llegada de un jinete. Era Emma, la sirvienta del Castillo Nottingham amiga de Robin Hood. Traía una noticia que podía cambiar el rumbo de las circunstancias.

- Qué sucede? – Salió Pequeño Juan a su encuentro ayudándola a bajar del caballo.
- Algo malo está sucediendo en el Castillo de Nottingham, alguien quiso envenenar al Príncipe Juan – Respondió la joven mujer agitada.
- Cómo es eso? – Cuestionó Tuck.
- Hace días que empezó a sentirse mal, justo desde el día en que Robin los emboscó. No se ha levantado y padece de una fiebre extraña. – Marion y Tuck se miraron sorprendidos.
- Lo has visto Emma? Has visto al Príncipe Juan? – Se apresuró a preguntar Marion.
- Si Marion, esta mañana fui a asear su habitación y el médico estaba con él. El hombre parecía asustado por la condición de la herida del brazo del Príncipe. Le escuché decir que no había remedio para eso...
- Ven conmigo Emma – Dijo Tuck llevando a la muchacha a la cabaña de Robin – Trae a Frederick deprisa – le ordenó a Juan.

Emma vio a Robin y se sorprendió. Su aspecto era parecido al del Príncipe Juan. Pero cómo era posible eso? Preguntó. Frederick lo pensó un momento. Sí, era posible que entre la confusión y la intervención del Sheriff también haya resultado herido el príncipe, después de todo, estaba adelante de Robin, sí, era posible.

- Entonces seguramente están buscando un antídoto también... – Los ojos de Marion centellearon – Ellos tienen algo que nosotros necesitamos y nosotros algo que, aunque ellos no lo saben, necesitan... Sé que a Guy le interesará hacer un negocio conmigo.- Las palabras en el sueño de Marion parecían tener sentido ahora, una alianza con sus enemigos sería la solución.
- No te arriesgues Marion – Susurró apenas Robin – No puedes confiar en Guy...
- Sshh – Marion puso su dedo en los labios del bandido – Confía en mi, sé lo que tengo que hacer... -.
- Yo iré contigo Marion – Ofreció Juan.
- No esta vez Pequeño Juan, no quiero que Guy se sienta amenazado.
- Pero Marion... - insistió débil Robin – No permitiré que te arriesgues sólo por...
- Tienes que aprender a confiar en mí por favor... Sabes que Guy no me hará daño – Lo dijo con conocimiento de causa y eso le causó cierto dolor a Robin – Estaré de vuelta por la tarde. – Besó los labios del hombre herido y se fue.
 
 
 

La mesa del castillo de Nottingham estaba servida. El Sheriff no había probado bocado alguno, Sir Guy de Gisborn lo acompañaba. Ambos pensaban en el desastre que provocaría la muerte del Príncipe Juan, el prestigio del Sheriff se iría al suelo tan solo al saberse que en su territorio el Príncipe había sido envenenado, él sería el primer sospechoso y entonces la incertidumbre lo agobiaba. Un par de soldados interrumpieron sus pensamientos.

- Les he dicho que no me molesten mientras almuerzo – Los reprendió. Guy ni siquiera los miró, seguía sumido en sus reflexiones.
- Lo sabemos mi Lord, pero creo que ha usted le interesaría mucho esto – Argumentó el soldado.- Es Lady Marion Fitzwalter, mi Lord.

Guy se levantó intempestivamente y ordenó la hicieran pasar.

- Tranquiliza tus deseos enfermos Gisborn, esa mujer está muy lejos de tu alcance – Dijo el Sheriff burlonamente. Guy solo hizo una mueca.
- Buenos días mi Lord Sheriff, Sir Guy... - Dijo Marion haciendo una reverencia.- Lamento interrumpir su almuerzo.
- Vaya, vaya... qué visita tan inesperada – El Sheriff se acomodó en su silla.- Qué trae por aquí a la joya más preciada del bandido más buscado de Inglaterra... o acaso es tal su temor que se esconde bajo sus faldas mi Lady?
- No mi Lord, en realidad vengo a hacerle una oferta. Robin no vino porque está muy ocupado distribuyendo provisiones a la gente pobre... - Marion sabía que eso le causaría un dolor de estómago al Sheriff, le estaba asegurando que seguían interceptando sus carretas. Guy sonrió ante la habilidad de la mujer.
- No creo que ustedes tengan algo que yo necesite...
- Se equivoca mi Lord. Sabemos que el buen Príncipe Juan ha estado enfermo de un extraño mal – El Sheriff palideció. Marion continuó. – Tiene un padecimiento con un remedio poco común, y del cual ustedes carecen.
- Cómo es que sabes todo eso Marion? – Preguntó Guy.
- Mi querido Guy – respondió Marion acercándose al hombre y provocando sus nervios – Cuándo aprenderás que en Sherwood todo se sabe? – Entonces se volvió de nuevo al Sheriff – Creo que les interesaría saber que nuestro perverso fraile Tuck conoce el antídoto para salvar a su Alteza...
- A cambio de provisiones? – Preguntó inocentemente Guy. Marion sonrió de nuevo.
- No Sir Guy, ya estamos abastecidos, gracias de cualquier forma... - Nuevamente le dolió el estómago al Sheriff.- En realidad es algo más delicado que...
- Espera un momento – Interrumpió el Sheriff levantándose de la silla – Qué es lo que traman esta vez? Por qué tanta preocupación por la vida del Príncipe Juan cuando se han arriesgado por evitar todo aquello que les ha sido posible?– Levantó ambas manos para que ninguno de los dos hablaran, todo parecía decirle algo importante. Marion sabía que eso pasaría, sin embargo, esperó a que el Sheriff lo descubriera. – Tengo a Marion Fitzwalter en mi castillo, por otro lado el bastardo de Locksley...
- Robin Hood es un cobarde – murmuró Guy con coraje.
- Cállate Gisborn... muy a tu pesar tengo que reconocer que Locksley tiene las suficientes agallas como para venir a enfrentarme sin necesidad de enviar a su doncella... a menos que... a menos que...
- La vida de Robert también está en peligro, no es así Marion? – Interrumpió Guy al Sheriff provocando su furia.
- Gisbornnnnnnnn...  hasta cuando vas a aprender a mantener la boca cerrada¡¡¡ - Le gritó el Sheriff. – Es eso verdad? Locksley fue herido también? – Marion no respondió y su silencio confirmó lo preguntado.- Y yo que pensé que ese bastardo había sido el causante... Vaya, vaya... Así que por fin me desharé de Robin Hood, quien lo dijera... muerto por su propio veneno... Que se pudra en el infierno¡¡ - gritó el Sheriff encolerizado.
- Creo que ha perdido de vista algunos pequeños detalles mi Lord y se está dejando llevar por la emoción – Marion estaba tranquila, sabía que lo mejor de su plan estaba por gestarse – Tengo que admitir que Robin también fue alcanzado por la daga envenenada, misma que hirió a nuestro buen Príncipe Juan, y claro, debe usted sentirse satisfecho porque por fin dejará de invertir tanto oro y tiempo en su persecución... Si mi Lord – el tono de Marion se tornó severo – Sherwood, Nottingham, Inglaterra, perderán a un gran bandido, es una pena es verdad... pero no solo eso, al mismo tiempo perderán a un noble Príncipe, justo en la ausencia del Rey de Inglaterra... Dios¡ El caos será enorme. Inglaterra se quedará sin dirección, a la merced de cualquiera que quiera tomarla, el pueblo se revelará en contra de quien haya sido el causante de todo el disturbio, señalarán y lincharán a los nobles sin importar si son sajones o normandos... El precio? Un bandido y un casi Rey...
- Basta¡ - gritó enfurecido el Sheriff tapándose los oídos con las manos. Lo que había dicho Marion era verdad, justo eso estaba dando vueltas en su cabeza antes de que ella apareciera, y no sabía como iba a detenerlo – Calla de una vez... es suficiente...
- Qué es lo que proponen Marion? Por qué si tienen el antídoto no han salvado a Robert? – Inquirió Guy.
- El Fraile Tuck sabe cómo preparar el antídoto y cómo suministrarlo, pero necesitamos los instrumentos de un alquimista, sin ellos no se puede preparar la dosis suficiente. De eso se trata mi visita Sheriff. Estamos dispuestos a salvar la vida del Príncipe Juan a cambio de salvar la de Robin.
- Si acepto, cómo sé que regresarán a salvar al Príncipe Juan?
- No hay tiempo para tanto movimiento mi Lord, a decir verdad, tanto Robin como el Príncipe están en una carrera contra el tiempo, por eso mi oferta es la siguiente: Llevarán al Príncipe Juan al castillo de Sir Guy...
- A mi castillo? – interrumpió Guy
- Cállate Gisborn¡¡
- Nosotros llevaremos a Robin. – Continuó Marion - No habrá soldados, sólo una pequeña escolta que lleve al Príncipe y el médico alquimista con todos sus instrumentos. Sir Guy y su servidumbre velarán por el Príncipe Juan. Tuck estará ahí para preparar el antídoto y suministrarlo. Una vez terminada la labor, nos permitirán regresar a Sherwood sin el menor problema. Vida por vida, Sheriff, el trato es justo...
- Cómo me garantizan que el Príncipe Juan estará a salvo?- Preguntó el Sheriff
- Ni siquiera puedo garantizar la vida de Robin Hood mi Lord, y menos si permitimos que el tiempo siga pasando. No tenemos opción, ni nosotros ni ustedes. Tiene que ser esta misma tarde. Y usted Sheriff, tampoco podrá estar allá. Esa daga tenía nombre y era el suyo, Lady Sophia Reilly aun duele a algunas personas...
- Se hará esta tarde – concluyó el hombre con la cara ensombrecida, sabía que si ese veneno hubiese llegado a su verdadero destinatario, nadie se hubiese preocupado por salvarlo. El nuevo reto era informarle al Príncipe Juan lo que pretendían hacer. Las reacciones se esperaban. El Príncipe Juan estaba colérico al enterarse que sólo compartiendo con el bandido de Sherwood salvaría su vida. El Sheriff de Nottingham tuvo cuidado en no decirle hacia quién iba dirigido el veneno en realidad. El argumento fue que en el atraco el mismo Robin Hood había resultado herido por sus propios hombres por error.
- Si es así, se puede ir muriendo el miserable... - había dicho con rabia el Príncipe Juan, pero al enterarse que él tampoco tenía muchas posibilidades sin la ayuda de los hombres de Sherwood, no le quedó más remedio que aceptar el trato. – Si no logran hacerme sentir mejor, tú mismo Gisborn terminarás con sus vidas en tu propio castillo, empezando por la mujer¡ - Le exigió el Príncipe a Guy, quien al pensarlo, palideció.

Marion regresó con las nuevas al campamento. Explicó el plan y el acuerdo con el Sheriff. Pequeño Juan y Tuck estaban preocupados porque sabían que no eran de fiar los hombres del Sheriff, comenzando por Sir Guy, pero era un riesgo que tenían que correr. Robin desconfiaba aun más, sabía que en territorios de Gisborn, podría intentar cobrarse a título personal con Marion, pero era la única opción.

- Sir Frederick se quedará en el campamento – Señaló Marion. El hombre lo comprendió.
Robin intentó ponerse de pie y caminar pero un dolor en el cuerpo lo invadió y perdió la conciencia, Pequeño Juan lo sostuvo y lo llevó hasta la carreta.

- Mejor – Dijo Tuck revisando el estado del joven bandido – Así no sentirá las inclemencias del camino.
- Espero que esto resulte – Agregó Frederick con pesar.
- Resultará, resultará... – Aseveró Juan.

Entonces emprendieron el viaje al Castillo Gisborn.

Final Del Capitulo Cinco

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