La Rosa Púrpura
Autora Verenize Bernal Curiel
Email Verenize

 


CAPITULO  IV  “La Muerte Negra”
 

En el castillo del Sheriff de Nottingham había demasiada calma. El Príncipe Juan había dormido toda la tarde y no había querido levantarse. Estaba cansado e inapetente.

- Pero mi Lord – Suplicó Barkley – No ha probado bocado en todo el día.
- Tienen un pésimo cocinero en este castillo. Además creo que tanto alboroto me ha resfriado, me siento cansado y con jaqueca – Respondió el Príncipe Juan desganado. El médico lo había examinado y había encontrado un poco de fiebre, pero nada de cuidado. – Sólo salgan de aquí y déjenme descansar – Dijo moviendo la mano ordenando que todos salieran.
 

Mientras, Guy de Gisborn era informado de un nuevo atraco de los bandidos de Sherwood.

- Tuvimos otro atraco de víveres en Sherwood – Informó un soldado a Sir Guy. – Era una carga sustanciosa pero Robin Hood...
- ...Se las robó – concluyó Guy – Yo informaré al Sheriff, ahora retírate – Ya el Sheriff tenía suficiente con lo ocurrido al Príncipe Juan. También era suficiente para que Guy se sintiera satisfecho por la venganza indirecta que el Sheriff estaba recibiendo, pero dadas las circunstancias no podía asignar a más soldados a la guardia de las provisiones mientras el Príncipe Juan estuviera en Nottingham. “No le caerán mal al Sheriff un poco de complicaciones adicionales” pensó Guy con una sonrisa chueca.
 
 
 

Llegó la noche fría a Sherwood. Fraile Tuck estaba sentado con Pequeño Juan al lado de la hoguera en silencio, ambos mirando el fuego y dejando que el frío viento de la noche quemara sus mejillas.  Frederick estaba apartado en la oscuridad, avergonzado y tratando de encontrar una salida a lo provocado.

- Tiene que haber un remedio Tuck – Dijo Juan afligido – Tú sabes muchas cosas, tienes que encontrar un antídoto.

Marion se unió al grupo envuelta en su capa y con la cara llena de preocupación.

- Cómo está Robin? – Preguntó Tuck inmediatamente que ella se acercó.
- Dormido y tranquilo, en realidad pareciera que está de lo mejor – Contestó ella confusa.- Me quiere alguien explicar de qué se trata todo esto? Jamás había escuchado nada acerca de este veneno...
- Es una poción extraña Marion – Explicó Tuck – Es el extracto de una hermosa y pequeña flor, pero su efecto es terrible...
- Cuando yo era niño – Contó Juan – Mi padre nos enseñaba el arte de rastrear y recuerdo que alguna vez encontramos la Rosa Púrpura. Él nos advirtió no tocarla siquiera porque tan solo el tacto nos podía envenenar... Hace tanto de eso que no recuerdo ni en dónde fue...
- Bueno, no es así de sencillo Juan – Aclaró Tuck – Es todo un proceso para extraer el veneno que de ella emana. Pero es tan poderoso que acaba poco a poco con la fuerza de la persona hasta marchitarla por completo.
- Vamos Tuck¡¡ - Replicó Marion – Todo veneno tiene un antídoto... este debe tener alguno no?

Nadie respondió a la pregunta de Marion, el silencio la desesperó a tal grado que se paró frente a todos y gritó:

- Qué les pasa? Acaso no piensan hacer nada para ayudar a Robin?
- No es eso Marion... es sólo que no se conoce ningún antídoto para esto – le respondió en voz baja Juan.
- De qué hablas? Tuck... respóndeme tu, es verdad eso? Robin está condenado a morir?

Nuevamente nadie le respondió. Tuck miraba el fuego chispeante, sentía calor en sus mejillas, no sabía si del frío, del fuego, o del miedo que esto le representaba. Marion se sentó de golpe en un leño y tapó su cara con sus manos.

- Hay una alternativa – Dijo Tuck con la voz temblorosa – hay una forma...
- No estarás pensando en esa salida verdad fraile? – Lo interrumpió de golpe Frederick saliendo de las sombras. – Eso significa la muerte segura e instantánea¡ - Gritó el hombre.
- Es una alternativa – comentó Tuck con miedo y con la vista fija en el fuego.
- De qué hablan ambos?- Cuestionaron Marion y Juan.
- De nada – Dijo Frederick tajante – La alternativa en la que piensa Tuck ni siquiera está probada, nadie ha sobrevivido a ella...
- De cualquier forma si no intentamos algo, su muerte es segura Sir Frederick, y gracias a ti¡ - Levantó Tuck la voz poniéndose de pie – No me quedaré con los brazos cruzados mirando cómo Robin se consume...
- Pero es suicida Fraile¡ - arrebató Frederick.
- Quizá quien deba decidir correr el riesgo sea yo- La voz de Robin salió de entre la oscuridad. Había escuchado la discusión y nadie se había percatado de su presencia. Sir Frederick agachó la cabeza y se soltó a llorar como un chiquillo.
- Quería ver al Sheriff sufrir lentamente tal como lo hizo conmigo, pero no a ti Robin, no tu...  Robin se acercó a él y lo obligó a mirarlo a la cara.
- No te aflijas. Sé que fue un accidente. Ahora lo importante es actuar si es que hay un remedio a esto. De qué se trata Fraile?
- Se dice Robin, que el mismo veneno mata al veneno.
- Explícate por Dios Tuck – Imploró Marion.
- Una dosis de veneno superior, haría que el efecto se anulara. Pero no he tenido la suerte de ver que nadie resista a un segundo envenenamiento Robin. Sin embargo, médicos amigos me han dicho que en algunos casos funciona...
- Es suicidio Robin – Lloró Frederick. – Además no tengo ni una gota más del líquido y es escaso y extraño por la complejidad de la preparación.
- Eso es un problema, dónde conseguir una cantidad suficiente? – Se limpió la cara con las manos el Fraile. Todos quedaron en silencio un momento. Pequeño Juan cerró los ojos y tuvo una visión, fue tan extraño, pero sí, había recordado de golpe el sitio exacto en donde se encontraban las rosas.
- Ya recuerdo el sitio en donde crecen las rosas – Intervino Juan. Todos lo miraron con expectativa. – Está a día y medio de Sherwood. Si Tuck me dice cómo recolectarlas, yo las traeré... Mañana por la mañana saldré por ellas y las traeré Robin.
- Mientras tanto Tuck y yo conseguiremos lo necesario para poder extraer el veneno – Dijo Marion abrazando a Robin por la espalda.- Todo saldrá bien, ya lo verás...
- Lo sé Marion, lo sé. Sólo algo mas Tuck, cuánto tiempo tengo antes de caer en cama? _ Fue difícil para Robin hacer esa pregunta, pero era necesario para asegurar el campamento.
- Quizá 2 o 3 días... - Tuck contestó con la voz quebrada. Robin asintió con la cabeza y se dirigió a su cabaña, Marion lo siguió, pero Robin la detuvo, le dio un beso en la mejilla y la apartó de él. Ella supo que sólo quería estar a solas.
- Y si buscamos a Olwyn? – Sugirió Juan.
- A ese mago? Jamás está cuando en realidad Robin lo necesita... - Dijo Marion escéptica. La noche transcurrió lentamente.
 
 

Aun no amanecía cuando el Fraile despidió a Pequeño Juan en la entrada del campamento con todas las indicaciones para recoger las valiosas flores. Él estaba preocupado, sabía que requería más que su habilidad con las hierbas para extraer el jugo mortal que ahora necesitaba. Ahora se lamentaba el no haber aprendido a preparar venenos reales en su momento.

La mañana transcurrió con calma. Robin se levantó sin sentir mas que un poco adolorido el cuerpo, como cuando le daba catarro. Esa mañana se dedicó a repartir las provisiones entre la gente de la aldea. Se preocupó al darse cuenta que aun no era suficiente para todos. Y como siempre, él y sus amigos íntimos se sacrificaban por darle a alguna familia lo que a ellos les correspondía, aun con eso, había muchas limitaciones.

Marion y Tuck ensillaron sus caballos y salieron en busca de cualquier instrumento que el fraile pudiera utilizar para sus fines. No era fácil, no muchas personas de las aldeas se dedicaban a la alquimia ni a la medicina, por eso recurrían a él.

En el castillo de Nottingham se corría el rumor de que el Príncipe Juan había contraído alguna enfermedad que lo retenía en cama.

Entrada la tarde el frío se intensificó en el bosque. Robin se sintió febril y su cuerpo parecía dolerle más. Pero no se detuvo hasta que hubo entregado todas las provisiones. Marion y Tuck no regresarían hasta el día siguiente, pero el fraile había dejado instrucciones precisas de que se le suministrara a Robin el té para la fiebre que él preparaba. El joven arquero había perdido el apetito pero seguía las recomendaciones de su amigo.

- Robin¡¡¡ - Le gritó desde lejos Adam - Viene un cargamento más de provisiones, estará cruzando al este de Sherwood empezando la mañana.
- Bien hecho. Ensillen mi caballo, nos iremos esta noche, debemos preparar el sitio.- Ordenó.
- Robin – le susurró Frederick al oído – Tuck dijo que no debías salir del campamento.
- Estaré bien, necesitamos ese cargamento. Estaremos de vuelta antes del medio día.- Diciendo esto montó su yegua y partió con Adam y dos hombres más.

Apenas estaba amaneciendo cuando se escucharon las carretas venir. Los bandidos estaban en sus posiciones de ataque. Sólo contaron 12 hombres, no sería difícil. Robin salió el encuentro y peleó, pero su espada pesaba más de lo normal. Subió al caballo y empezó la persecución mientras sus compañeros tomaban el botín. Un éxito más gracias a Robin, pensaron. El arquero galopó incesante hasta que perdió a los hombres de vista. No podía continuar, sus piernas estaban entumidas y su vista se había nublado. Se dejó caer del caballo y se quedó ahí perdiendo la noción del tiempo.
 

Marion y Tuck regresaron sin mucha suerte al campamento. El fraile no estaba seguro de poder hacer gran cosa con los instrumentos conseguidos. Había algarabía entre la gente. Estaban felices de haber completado las provisiones.

- Dónde está Robin?- preguntó ansiosa Marion.
- No ha regresado – respondió Adam. – Se separó del grupo en la emboscada, como siempre y dijo que nos vería aquí antes del medio día... pero no ha vuelto desde ayer.
- Por Dios, por qué hace esto? – Sufrió Marion – Pasó la noche en el Bosque y ya casi va a oscurecer, tenemos que encontrarlo.- Montó de nuevo al caballo – Y Pequeño Juan, tampoco ha vuelto?
- No, tampoco – Respondió Frederick – Iré contigo a buscar a Robin.
- Esta bien, Tuck, tú espera a Juan.

Una hora más tarde ambos jinetes vieron a lo lejos una figura. Marion se apresuró y pudo ver a Robin casi colgando del caballo. Desmontó y rápidamente montó con Robin. Lo incorporó y lo recargó en su cuerpo.

- Tranquilo – Le dijo sujetándolo – te llevaré a casa.

Final Del Capitulo Cuatro

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