La Rosa Púrpura
Autora Verenize Bernal Curiel
Email Verenize

CAPÍTULO  II  “La Venganza”
 

El sol aun no se asomaba cuando ya estaban todos levantados, listos para el ataque. Sir Frederick estaba aun en la cabaña que le habían asignado para pasar la noche. De entre sus ropas sacó un diminuto frasco que contenía un líquido púrpura. Con mucha precaución mojó la punta de una daga y se aseguró de no tocarla. La ocultó en una funda de cuero y salió a reunirse con el grupo.

- Recuerden – Reafirmó Robin, quien había amarrado en la nuca su cabello – Pase lo que pase, debemos separarnos para regresar aquí. Ante todo hay que preservar la vida de la gente del campamento.- Se acercó a Marion y la apartó del grupo. – Yo sé que odias que te diga lo que tienes que hacer... – le dijo a la chica quien lo miraba con intensidad.
- Sí, ya sé. Aunque me gustaría que confiaras en que puedo cuidarme sola, pero está bien, si lo quieres escuchar, voy a tener cuidado y no me enfrentaré a Guy... Me pregunto a veces, será que te pones un poco celoso?- dijo ella maliciosa.
- Claro que no – respondió él con una sonrisa – Es sólo que no quiero que nada malo te pase, ni un rasguño, entiendes?
- Bien, pero promete que también te cuidarás...
- Lo haré – agregó Robin caminando hacia su caballo – Ah... ¡ Y Marion... – ella volvió la cabeza hacia él – No solo un poco, en realidad es un mucho¡ – Entonces subió a su caballo y salió del campamento. Marion sonrió con toda la boca.
 

Tal como lo habían pensado, eran más de 50 soldados en la comitiva. Sir Guy de Gisborn iba al frente. El Sheriff de Nottingham montaba al lado del carruaje del Príncipe. Los hombres de Robin Hood se colocaron detrás de los últimos soldados, y los fueron descartando de uno a uno con tal destreza que los delanteros no lo notaron. El ermitaño salió de entre los arbustos provocando que Sir Guy se detuviera.

- Apártate del camino pordiosero¡¡¡ - Gritó Guy.
- Sólo quiero una limosna mi Lord.
- Dije que te apartaras o si no, te llevaré preso por obstaculizar el paso del Príncipe Juan – Dijo Guy orgulloso – Quiten a ese hombre del camino¡ - ordenó a uno de los soldados.

En la confusión, los hombres de Sherwood rodearon a la comitiva. Una flecha acertó en la ventana del Príncipe Juan provocándole un aullido de susto.

- Es un placer verlo de nuevo Su Alteza – dijo Robin apareciendo de entre los árboles. Pequeño Juan comenzó la batalla contra los soldados, al igual que Marion, Tuck y los demás. El Príncipe Juan horrorizado salió del carruaje e inmediatamente fue rodeado por soldados para garantizar su integridad.
- Estúpidos¡¡¡ Cómo fue posible esta emboscada? – Gritaba enloquecido – Si esto es culpa tuya Sheriff, lo pagarás con tu vida¡¡¡

Robin y los suyos entablaron una lucha agotadora con los soldados, a quienes iban eliminando o sacando de combate.

- Gusto en verte Guy – Dijo Marion al poner su espada en su garganta en un descuido de éste.

El Sheriff se aproximó al Príncipe Juan en afán de defenderlo, pero Pequeño Juan se adelantó y lo interceptó en su camino. Robin fue hábil con la espada y de pronto se encontró frente al Príncipe asustado.

- Detenga la lucha Su Alteza, si no quiere que mi espada detenga su vida.- Amenazó Robin sujetando al Príncipe por el cuello. El Sheriff logró esquivar a Juan quien se vio atacado por varios soldados. En la confusión se posó delante del Príncipe y de Robin.
- Huye ahora que puedes, bandido – dijo el Sheriff
- Vaya, creo que soy yo quien tiene el control mi Lord. Deberá tener más cuidado en la elección de sus soldados, por lo visto no tienen condición física, y además pueden ser sometidos por una dama – dijo Robin riendo. El Sheriff miró a Guy con la espada de Marion en su garganta.
- Deténganse – Ordenó el Príncipe. – Qué es lo que quieres?
- En realidad nada que no pueda hacer Alteza. Quiero que abra las puertas de las bodegas de Nottingham para que la gente de las aldeas pueda ir por provisiones para el invierno. Provisiones que ellos han trabajado y que ustedes les han arrebatado.
- Qué generoso eres Locksley – agregó el Sheriff – pero también la nobleza que gobierna este país necesita alimentarse, si no quién tomará las decisiones que nos dan la libertad y el honor?
- Libertad? Honor? – Gritó el viejo ermitaño que apareció detrás de ellos. – Esta nobleza de la que hablas no hace mas que traer desgracia, pobreza y muerte a las personas.
- Quién es este viejo? – Preguntó el Sheriff con dolo.
- Acaso no me reconoces mi Lord? Pues yo no te he podido olvidar desde que mataste a mi yerno y abusaste de mi hija¡¡¡ - La cara del Sheriff palideció al recordar al hombre, quien desenfundó la daga preparada y con toda su ira se abalanzó contra el Sheriff de Nottingham. Hábilmente el Sheriff usó su fuerza para desviar la mano de Frederick. La daga rasguñó el brazo del Príncipe Juan y encontró refugio en un costado del cuerpo de Robin. Frederick cayó al suelo inconsciente por un golpe recibido de uno de los soldados. La batalla comenzó de nuevo. Robin apartó la daga, la herida no era muy profunda. Soltó al Príncipe Juan y apoyó a sus compañeros en la lucha. Guy fue pronto donde el Príncipe Juan para protegerlo. Marion y Juan recogieron a Sir Frederick y lo subieron a un caballo. Robin dio la señal para regresar al campamento. Apenas tuvieron oportunidad de escapar.
 

Mientras montaba Robin apretó su mano contra la herida para evitar el sangrado, pero en ese momento estaba más preocupado por su amigo.

- Se pondrá bien? – Le preguntó a Tuck.
- Eso espero, es un hombre mayor. Ten confianza. Lo atenderé en cuanto lleguemos. Tu estás bien? – Preguntó a Robin al ver sangre en su ropa.
- Si, no es nada. Sólo un rasguño.
- También te revisaré en el campamento – Dijo en tono de advertencia.

Robin sintió una punzada calurosa en la herida y un vértigo momentáneo. Hacía frío.

Final Del Capitulo Dos

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