La Rosa Púrpura
Autora Verenize Bernal Curiel
Email Verenize

CAPÍTULO  I  “El reencuentro”

El invierno llegó al Bosque de Sherwood, había bruma por las mañanas y el sol apenas se asomaba entibiando el ambiente. El campamento estaba movilizado. Era necesario recolectar víveres para la parte más cruda del invierno. Se habían organizado para ir a las aldeas cercanas por provisiones. No había sido una muy buena temporada de cosecha. Las heladas se adelantaron quemando los cultivos.

No sólo Robin y su gente se preparaban para la estación. El Príncipe Juan había ordenado a sus alguaciles recoger todo lo posible de las aldeas para mantener su castillo y su corte a salvo de las carencias. Obviamente, a la fuerza quitaban lo poco que la gente tenía. Cuando Robin llegaba a los sitios a comprar alimentos se encontraba con que los soldados del Sheriff de Nottingham ya habían saqueado y no había quedado nada.

- Tenemos que detenerlos o esta gente morirá de hambre – dijo Robin preocupado.
- No sólo ellos Robin – comentó Tuck – También nosotros.

Un caballo entró a galope al campamento.

- Robin... - gritó el hombre – te tengo buenas noticias...
- De qué se trata Adam – preguntó
- El Príncipe Juan vendrá a visitar al Sheriff de Nottingham mañana, ya viene en camino con sus soldados...
- Vaya, vaya... – dijo Pequeño Juan- Tendremos visita real.
- Más que visita Juan, vienen a llevarse todo lo que han quitado a la gente. Me temo que nuestro buen Príncipe desconfía de su noble Sheriff... - Agregó el joven bandido.

Marion se acercó intrigada al grupo. Había permanecido apartada en otras labores.

- Qué pasa? – Preguntó con las manos en la cintura.
- El Príncipe Juan viene a Sherwood – respondió Juan.
- Oh, qué bien¡ Seguramente nos trae suficiente oro para las compras de invierno... – dijo sarcástica.
- El problema es que no podemos comprar nada Marion – explicó Tuck – Sus soldados se han encargado de levantar todas las provisiones de las aldeas.

Robin permaneció callado tocándose la barbilla. Todos lo miraron, sabían que esa era la posición de un hombre que estaba maquinando un plan. Él sonrió repentinamente.

- Tienes razón Marion, si el oro no nos sirve para comprar, nos servirá para hacer un trueque justo con el Sheriff. A él no le gustará nada que se le robe a su Príncipe en su territorio. Tenemos suficiente tiempo para planear la bienvenida – Sus ojos centellearon y todos sonrieron.
 
 

No sólo ellos se habían enterado del evento. Frederick Reilly era un hombre pequeño y robusto. Vivía en una choza apartada de cualquier aldea. Se le conocía por ermitaño. Pero no toda su vida había sido así. Había sido un hombre con título y tierras antes de la guerra entre Normandos y Sajones. Su esposa había nacido sajona y ambos concibieron a una pequeña niña. Lady Reilly había muerto cuando la pequeña Sophia tenía 5 años. Desde entonces Frederick sólo se dedicó al cuidado de su hija y al trabajo de sus tierras. Sophia creció hermosa y decidió casarse con un joven sajón de nombre Charles. Cuando la guerra se desató, ocurrió el infortunio. Tomaron a la hija de Frederick para cumplir Prima Nocte. Ni él ni su yerno permitirían tal trato a la joven. Charles se enfrentó a los soldados. Rápidamente le dieron muerte. Sophia fue sometida, y en la primera oportunidad que tuvo, se quitó la vida.
Frederick fue despojado de todo lo que tenía, y decidió vivir alimentando la amargura hasta poder ejercer la venganza adecuada para su enemigo, el Sheriff de Nottingham.
 
 
 

En el castillo de Nottingham.

- Quiero a todos los hombres listos para recibir al Príncipe Juan y escoltarlo hasta el castillo – Mandó el Sheriff a Sir Guy de Gisborn – No quiero sorpresas y sabes a qué me refiero – entonces lo miró amenazante.
- Robin Hood está muy ocupado mi Lord, sé de buena fuente que están preocupados por los abastecimientos de alimentos esta temporada – comentó Guy confiado.
- No me explico cómo puedo tener hombres tan estúpidos – gritó el Sheriff golpeando la mesa – Justamente por esa desesperación temo que aparezca mañana...
- Estaré preparado con mis mejores hombres mi Lord y me aseg...
- Tu no puedes asegurar ni tu propia mujer Guy ¡¡¡  Si algo falla mañana, tú lo pagarás con tu vida, entendiste?
- Sí mi Lord – dijo Guy sumiso. Dio media vuelta y se dirigió a la puerta.
- Espera – lo detuvo el Sheriff – Iré mañana contigo, así me aseguraré que todo salga bien, prepara mi caballo.- Guy sólo hizo una reverencia y salió.
 
 
 

En el campamento Robin trazaba las posiciones del equipo de ataque en un dibujo sobre la tierra. Emma, una criada del castillo del Sheriff unida a la causa de Robin Hood les había informado que Sir Guy estaba preparando a muchos de sus soldados para la protección del Príncipe Juan.

- Estimo 60 hombres en la guardia, considerando la escolta del Príncipe – comentó la mujer.
- Nos tocarán de a 10 por cabeza, es lo justo – bromeó Marion.
- Bien, ya sabe cada cual su posición. Recuerden esperar la señal – aseguró Robin poniéndose de pie.

De pronto se escuchó una riña en el campamento. Varios hombres habían detenido a un hombre que intentaba traspasar las enramadas para hablar con el líder.

- Qué pasa? – Preguntó enérgico Pequeño Juan acercándose al tumulto – Quién eres y qué quieres?
- Sólo hablaré con Robin Hood – respondió agitado el hombre tratando de liberarse de sus opresores.
- Yo soy Robin Hood – agregó Pequeño Juan.
- No lo eres. Conozco bien a Robin – aseguró el hombre.
- Yo soy Robin Hood. Suéltenlo. – Ordenó éste – Qué quieres aquí?
- Es el ermitaño – susurró el Fraile Tuck en el oído a Robin.
- Sé de la visita del Príncipe Juan a Sherwood y de tus planes de atacarlo. – Robin se sorprendió al darse cuenta de que sus planes habían salido del campamento. Eso les daba inseguridad. – Quiero ayudar... quiero ayudarte Robin Hood. Acaso no sabes quién soy? No me reconoces? – Robin lo miró un momento. Había algo en su mirada que podía reconocer, pero no sabía ni qué ni por qué.
- Eres un ermitaño que está loco – dijo Pequeño Juan – Vamos Robin, no creerás las palabras de este hombre, es sabido de todo el mundo que perdió la razón hace años y nadie sabe de donde vino, ni siquiera su nombre. – Robin no dejaba de mirarlo. Sabía que detrás de ese cabello sucio y esa barba larga había algo familiar.
- Déjenme solo con él – pidió Robin a sus hombres.
- Estás seguro? – Marion se preocupó. Ya antes se había infiltrado gente del Sheriff y les había provocado muchos problemas.- Robin asintió. Tomó del brazo al ermitaño y lo llevó a su cabaña.
- Por qué tengo la impresión de conocerte? Cómo es que encontraste mi escondite?– Preguntó.
- Sé muchas cosas de ti. Hace tiempo que sé que vives aquí, sé lo que haces, a dónde vas. No te asustes, un ermitaño siempre puede esconderse y husmear sin ser visto. Es como ser invisible – La expresión de los ojos castaños de Robin se cerró aun más. – Cuando eras niño, tu padre y yo deseábamos que mi hija y tú contrajeran matrimonio, sería como reforzar los lazos de nuestra gran amistad. – Los ojos del hombre se inundaron y Robin no pudo mas que dejar escapar un sonido de asombro de su garganta. Tomó la mano de ese hombre sobre su cabeza y puso la rodilla en el suelo tal como lo hacía en su niñez. Su corazón palpitaba a mil.
- Sir Frederick Reilly. Por Dios Santo – expresó Robin emocionado – Por qué? Por qué hasta ahora?
- Levántate hijo. Soy yo quien debiera postrarme ante ti. Haz hecho más por Inglaterra que cualquiera de los nobles de la corte del Rey Ricardo. – Robin se puso de pie y llevó al hombre a una silla cercana.
- Sir Frederick, tu fuiste la persona más cercana a mi padre. Su mejor amigo, como su hermano. Sophia y yo crecimos juntos y yo la amaba como a una hermana. Cuando supe lo sucedido, me llené de rabia, también Charles era mi amigo... son de los dolores que se me han ido acumulando además de ese que no me deja... la muerte de mi padre.
- Lo sé hijo. Tu padre era un valiente, por eso no me extrañó que fueses tu Robin Hood. En realidad no me sorprendió. Y entiendo tu pesar, yo no he podido olvidar la muerte de mi hija. He vivido todos estos años con la esperanza de poder tomar venganza con mis propias manos, por eso me alejé de todo y de todos.
- Te creímos muerto también...
- Lo sé. Por eso quiero ayudarte en esta empresa. Yo tengo cuentas que saldar con el Sheriff de Nottingham, quien seguramente ya se olvidó de mí.
- Pero no quiero que arriesgues tu vida Sir. Mi padre me ha hecho falta todo este tiempo y tenerte a ti ahora es como recuperar parte de él – dijo Robin con resplandor en sus ojos.
- Soy un viejo ya hijo, no quiero morir sin haber defendido el honor de mi familia. Solo dame la oportunidad de ayudarte esta vez. Cualquiera que sea el resultado.
- Esta bien. Pero se hará como yo diga. – Ambos hombres estrecharon sus brazos. Pero aun y a pesar de las instrucciones de Robin Hood, Sir Frederick tenía un plan propio y del cual tenía que asegurarse.
 

La noche llegó. Al fuego de la hoguera, Robin y Sir Frederick contaron a los demás anécdotas acerca de la niñez del bandido. Marion escuchaba atenta y sonreía, aun cuando conocía a Robin desde que eran niños, estos episodios eran desconocidos para ella. Robin adoró la brillantez en los ojos de esa mujer.

- La amas, verdad? – Preguntó Sir Frederick a Robin.
- Es todo lo que tengo y lo que soy – Respondió él simplemente.

Final Del Capitulo Uno
 


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